Es tradicional en España el día 12 de Octubre ir a Zaragoza a visitar la Virgen del Pilar. Para tal evento se reúnen gran cantidad de personas de lugares lejanos.

Muchos son grupos católicos, o de cofradías, otros lo son de organizaciones o grupos de bailes de sus respectivos lugares de origen.

En una ocasión hace algunos años visitamos el Pilar para esta fecha tan memorable. Hacía frío y mucho viento.
Estaba en el centro de la plaza un grupo de danzas Concheras, de tradiciones Aztecas de México. Ellos llevaban varias horas bailando en honor a la Virgen. Es muy bonito de ver.

De pronto uno de ellos que estaba en el centro del círculo cayó al suelo sin poderse mover ni levantarse. Le sacaron en volandas entre dos de sus compañeros y venían en mi dirección, ante lo cual me ofrecí a ayudar. Estaba completamente agarrotado y paralizado, sin poderse mover y con muchos dolores.

Yo no llevaba ningún material encima (desde aquella ocasión siempre llevo al menos un paquete de agujas en mi cartera). Entonces me hice con un imperdible de los que se utilizan de sujeción para el fajín que llevan en la cintura los danzantes, a modo de aguja. También utilicé como moxa un cigarrillo de alguien que fumaba por allí.
Al momento ya podía moverse el caballero y en unos minutos se levantó muy sorprendido y pudo terminar su ritual de danza.

El hígado controla los músculos de todo el cuerpo, y se ve afectado entre otras causas por el viento. En ésta ocasión el joven era muy delgado, con un hígado flojo, al que le estaba exigiendo mucho con todos sus músculos trabajando durante horas, en un día de frío y viento, hasta que su órgano no pudo más y protestó dejando de dar servicio por lo que se agarrotaron y paralizaron todos sus músculos con fuertes calambres.

El tratamiento consistió en liberar esa tensión sangrando los puntos pozo de hígado y bazo entre otros y después moxé un poco con el cigarro para darle fuerza. Esto suele ser suficiente para que el cuerpo responda de inmediato.
Muchos debieron pensar que era poco menos que un milagro y al momento me encontré con más gente pidiéndome ayuda, hasta que se hizo una cola. Especialmente recuerdo a un sevillano que debía partir hacia su tierra y se quejaba de un tobillo, que necesitaba tener a punto para conducir.

Al año siguiente volví a coincidir con aquel joven al que pinché y finalmente le di unos consejos alimenticios para ayudar a su constitución, el cual me recordaba bien y me dijo que aún le quedaba alguna marca del cigarrillo.
Esto es curioso, pero es bueno poder echar mano de cosas tan sencillas y cotidianas que en un momento dado pueden sacar de un apuro a alguien.

Yo doy especialmente gracias a aquella bonita ocasión en que pude dar servicio a una persona en apuros. Gracias.