En algunas ocasiones, los pacientes vienen a la consulta acompañados, especialmente sin son mayores o tienen alguna dificultad física, cuando necesitan ayuda y desean estar con algún familiar.

Para ello, en un principio, cuando empezábamos nuestra personal andadura con nuestra consulta y no disponíamos de sala de espera, siempre había una silla junto a la camilla de tratamientos, donde el paciente dejaba sus cosas, o se sentaba el acompañante.

En una ocasión una señora anciana de más de setenta años, que se desplazaba para acudir a las sesiones de acupuntura desde un pueblo de los alrededores, siempre venía acompañada de una hija suya.

Esta, siempre muy correcta, y viendo como su madre mejoraba, de cuando en cuando nos hacía alguna pregunta respecto a los tratamientos y sobre la medicina que estaba descubriendo. Realmente estaba encantada. Se veía que disfrutaba escuchando y viendo cosas poco habituales para ella.

En una ocasión en que estaba en silencio en la silla le dije. Fíjate; la camilla tan solo está a un metro de la silla en la que estás, y sin embargo te encuentras agradecida y maravillada por la Medicina Oriental, hay poca distancia entre la silla y la camilla, pero realmente es muy distinto estar tumbado recibiendo el tratamiento.

El paciente sabe. El paciente siente. A veces no comprende el como, o el porque, pero está experimentando algo que le hace sentir bien. Eso es muy importante, al paciente no hace falta convencerle o explicarle tanto cuando siente directamente, hace menos preguntas que el acompañante; a veces éste no entiende como su madre o familiar se deja pinchar, moxar, lo que sea. Esto es por que el familiar no está experimentando los beneficios, pero está presente viendo.

Solo ve parte, lo material, pero el otro aspecto de una medicina energética es el más difícil de definir o expresar. Mucho mejor es trabajar en silencio, y saber que es esto de primera mano.

Ciertamente, hay poca distancia entre silla y camilla. Pero que distinto es.