Una mañana de primavera mientras estaba en casa, en este pequeño pueblo, pasó un camión de venta ambulante que anunciaba a través de sus altavoces la venta de fundas para sillones, y en su publicidad recalcaba que eran de todos los tamaños y a precios de fábrica.

Entonces estaba libre es ése momento, pues no tenía ningún paciente, y decidí ver una funda para el sofá de la sala de espera, pues sinceramente lo necesitaba.

Salí a la calle en busca del vendedor, le hice una seña cuando se disponía a arrancar, con lo cual esperó unos instantes mientras me acercaba, y le pregunté al joven conductor si tenía fundas para sillones de dos plazas, a lo que él respondió que si, pero que era mejor ver el sofá para saber su tamaño; con esas pusimos rumbo a casa, tomó medidas, y en seguida estuvo de vuelta con distintos tamaños de fundas.

El me preguntó que si entendía de huesos, pues enseguida vio las camillas, y regresó al camión para mostrarme otros modelos de mi agrado, pero al volver siguió insistiendo en si era médico o algo así; le respondí que era acupuntor, él me miró con una cara como si le hablase en Chino, pero seguía queriendo saber si sabía de huesos.

Me mostró una faja ortopédica muy complicada que hacía mantenerse erguida su columna, la cual había comprado a medias con su primo, pues decía que padecía del mismo problema desde hacia varios años.

Le pregunté si se había dado algún golpe, y me dijo muy convencido que no, pero el joven veinteañero estaba convencido de tener un problema de huesos.

Le insinué que si quería que le viese, y cuando me quise dar cuenta ya estaba tumbado desnudo en la camilla diciéndome que antes es la salud que el trabajo, era como muchos jóvenes muy enérgico, lleno de vida e inquietud, era bonito el trato con él.

La terapia local me reafirmó de lo que estaba convencido, era un problema estacional de hígado que daba sintomatología de lumbago a media espalda en la zona de estómago, le pregunté si tenía dolores de cabeza, y por donde, el me señaló el lateral de la cabeza, y según iba transcurriendo la sesión estaba mas asombrado de mis aciertos, repetía constantemente… ¡Esto es alucinante! ¡No me lo puedo creer!.

Finalmente el joven vendedor ambulante, se levantó de la camilla y le pedí que se moviese aunque ya al levantarse no se quejó, se agachó y estiró, giró y se inclinó para abrocharse los cordones de sus deportivas, sin dificultad alargó los brazos para ponerse la camiseta, me preguntó si se podía poner la faja ortopédica aunque no la necesitase, le dije que estaba bien pues su trabajo le hacia moverse mucho, le di unos cuantos consejos alimenticios, y profundicé en la etiología de su enfermedad.

Le comenté que era por abusar demasiado de su fuerza sexual, sobre lo cual le di detalles; para él eso ya fue la repera, no podía salir de su asombro y me hizo comentarios personales sobre sus novias, sin conocerle, ni haberle visto en la vida, sabía detalles de su vida privada.

Salió tan asombrado que me dijo que si lo necesitase vendría de una cercana ciudad a la que se dirigía al día siguiente.

Entonces miré a la funda del sofá y le dije; bueno entonces ¿Como lo hacemos?, la verdad, se notaba que había trabajado desde muy joven, por lo avispado para los negocios; entonces llegamos a un acuerdo.

El chico salió de casa literalmente dando saltos, no se si de alegría o de que no podía creer lo bien que se encontraba; entonces mientras se alejaba pensé, esto si que ha sido una consulta a precio de fábrica por el beneficio tan maravilloso que ha tenido en una sola sesión un joven al cual probablemente no volveré a ver.

Durante el tiempo que tuvo puestas las agujas y mientras esperábamos un poco, no podía creer que no hiciese publicidad para ayudar a la gente, pero le dije que la mejor publicidad eran los propios pacientes con su satisfacción y agradecimiento.