Entre nuestros pacientes figuran todo tipo de personas, de distinta posición económica, social, etc. También vienen a la consulta algunos médicos.

En una ocasión tratamos a un médico de cabecera, que además de gustarle nuestra forma de tratar, la Medicina Oriental, era usuario habitual de nuestra consulta.

Por costumbre, nos manda de cuando en cuando pacientes de su propia consulta, que bajo su criterio piensa que podemos ayudarles. Desde un principio y poco a poco, fuimos ganando su confianza, pues los casos que nos refería, salían muy contentos.

Por este motivo empezó a enviarnos pacientes rebeldes, con los que no obtenía buenos resultados.

En una ocasión nos envió a una señora de mediana edad, con más de 115Kg de peso, a la que llevaba tratando más de tres años, pues padecía de úlceras en las piernas, muy dolorosas, purulentas, y sangrantes. Raramente obtenía resultados con ella, y continuamente se quejaba de fuertes dolores, con lo que apenas se movía, y añadido a su sobrepeso, revertía en una pésima circulación que también le estaban tratando. Como colofón era tendente a las depresiones.

Esta señora vino y se le hizo el tratamiento de obesidad (Ver el pequeño artículo al respecto), al tiempo que se trataba su circulación, riñones para eliminar, ansiedad, intestino para limpiar, hígado para purificar su sangre y emociones, depresión, etc. También se aplicó algo de tratamiento local en sus úlceras con apiterapia (ver sección de métodos terapéuticos), previamente tuvimos que subir defensas para combatir la infección, etc.

El resultado fue que en tres semanas tenía todas las úlceras de las piernas cerradas y sin dolor. Perdió más de siete kilos de peso, ganó movilidad, y estaba siempre de buen humor. Se realizó una analítica de sangre y era correcta, pues previamente tenía el colesterol muy alto, azúcar en sangre y algo de anemia. Empezó a caminar, y se encontraba muy bien.

La paciente en concreto, ante los resultados, siguió viniendo durante meses, y trajo a sus hijas, y familiares para recibir tratamiento.

Simultáneamente estábamos tratando a su médico de cabecera para sinusitis, estrés, nervios y alguna cosilla más. Pero un día llegó muy apesadumbrado. Le pregunté por que se sentía así.

Por fin me contestó de corazón, diciéndome, que creía sinceramente que no había nada mejor que la medicina científica, que había estudiado que si cierto organismo se trata con tal producto químico daba tal resultado testado. Pero los casos que me refería a mi consulta no eran así, y no entendía como sin más que unas agujas y nuestros materiales logramos esos resultados.

Realmente, hay un gran conocimiento al alcance de todos, pero que por estar en manos de gente que va descalza como los tibetanos, hindúes, etc, o parezca que no se enteran, como los chinos, o tribus en Centroamérica y Africa, no se para a estudiar, si no que sin respeto nos colocamos en su país, en su tribu, en su casa y les empezamos a invadir sin preguntar con nuestros conocimientos, pudiendo aprender mucho de ellos.

Finalmente tenía esa sensación extraña de haber perdido su tiempo con una medicina que no le daba respuestas y le hacía creerse segura, cuando estaba viviendo otra realidad.

Yo traté de animarle, diciendo que estaba haciendo su labor, y tenía su papel importante en la sociedad, y que finalmente si no cambiaba de actitud iba a tener que tratarla por depresión ante el sentimiento que tenía de fracaso.

Realmente estamos agradecidos ante la gente que apuesta por algo que en principio desconocen, y sobre todo a esta profesional de la medicina que solo buscaba el bien de sus pacientes aunque fuese con una medicina que no practicaba. Como debe ser. Gracias.