Hace ya un tiempo, varios meses después de empezar a pasar consulta, empezaron a venir pacientes de los pueblos de la provincia de Guadalajara.

En ocasiones, eran de pueblos pequeños, con pocos vecinos, en estos lugares, se cuentan unos a otros sus cosas, esto es una de las maravillas de lo pequeño, de lo sencillo. Todos se conocen.

Llegó una señora mayor, diciendo que conocía a varias personas que habían estado con nosotros y les había ido muy bien, que por eso ella había venido.

La señora tenía ya varios problemas debido a su edad, pero principalmente se quejaba de un fuerte dolor en una rodilla, la cual presentaba inflamación, calor, dolor y otros síntomas. (Estaba diagnosticada de artrosis de rodilla).

Cuando terminamos el primer día el tratamiento, le dimos cita, y mientras se ponía su abrigo le comente: «El próximo día me dice que tal está su pierna». A lo que ella inmediatamente replicó: «Uy, tan pronto no voy a notar nada, ni que fuese esto la purga Benito». Simplemente sonreí por su comentario y le acompañe hasta la puerta.

El siguiente día entró la señora sin cojear, el aspecto de su rodilla había cambiado completamente, y la inflamación se había reducido bastante. Ella venía muy contenta, y al contarme lo bien que se encontraba le dije en broma y de forma cariñosa; «Entonces que, es la purga Benito o no». Ella entre risas de su hija decía muy seria: «Claro que si, si señor».

Desde entonces, la broma que mantuvimos mientras duró su tratamiento era preguntarle no por su rodilla, si no que tal iba la purga Benito.

Me acuerdo con cariño de ésta señora, tan amable y simpática, que hacía el esfuerzo de acercarse desde su pueblo puntualmente a las citas que concertábamos y que tanto bien le reportaron.

Gracias Marcela.